Sonabia

si en la anterior entrada os hablaba del alto de Candina, os voy a presentar la subida a Sonabia. Simplemente, una maravilla de la naturaleza. Al igual que ocurre con Oriñón, Sonabia es una pedanía de Castro Urdiales. Situada a 55 metros sobre el nivel de mar, en el año 2008, según el INE, contaba con una población de 49 habitantes. Increible hablar de varias decenas de personas cuando vivimos en un mundo marcado por las macro-urbes y las superhipermegaciudades de millones de habitantes.
La subida es más larga que la que lleva al alto de Candina. Son casi dos kilómetros de los cuales prácticamente uno se desarrolla en un constante ascenso. Si bien el camino a Candina se desarrolla a lo largo de una senda de eucaliptos, la subida a Sonabia te descubre unas increíbles vistas al mar cantábrico, a la peña Cerredo y a las buitreras del monte de Candina. Tras coronar las cuatro casas que protegen una ermita marinera (foto derecha) que divide el camino que nos lleva hasta el extremo de la subida a Sonabia, tomamos la cuesta que deja la ermita a la izquierda para continuar nuestro camino. Pronto veremos, a nuestra izquierda, el socavón en el que se encuentra la playa, nudista decían, de Sonabia. A nuestra derecha, además del inmenso mar Cantábrico, disfrutaremos de la belleza de "la ballena". Al fondo, Santoña, donde destaca la inmensidad del monte Buciero. Si, tras la subida, tenemos fuerza para alzar la cabeza y ver las montañas que nos rodean, tendremos ocasión de ver los "ojos del Diablo" u "ojos del demonio" (foto de la izquierda). Sin palabras.
En el día de ayer tuve ocasión de subir, en dos ocasiones, hasta este extremo que os comento. Justo hasta un lugar en el que un punto geodésico (creo que se llama así), sirve de giro desde el que retomar la senda ya recorrida. Oriñón y su entorno nos vuelven a permitir descubrir unos paisajes inigualables y únicos. Que algún día los disfrutéis!
En esta fotografía podéis ver, en primer término, la playa de Sonabia en bajamar. Sobre ella, una línea clara marca el camino que lleva hasta el extremo del camino que nos descubre la subida a Sonabia. Al fondo, "la ballena", su forma la delata y nos exime de explicaciones.

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