avant Fourvière

"antes de Fourvière". La Catedral de Fourvière, la Catedral de Lyon. Pero eso será mañana, porque debe ser mañana cuando suba hasta allí. Cuando lo haga, si es que lo consigo, os contaré algo, aunque sea inventado. Lo que sí que es cierto es que hoy he vuelto a salir a correr. La segunda vez desde que estoy aquí. Poco diréis, pues sí, muy poco. Vamos a dejarlo ahí. El caso es que he vuelto a hacer el mismo recorrido que la primera vez, remontar el Rhône, hasta que el crono ha marcado 30:00 y de ahí, vuelta para atrás. He clavado los pasos de la primera vez, ya que justo me he dado la vuelta en el mismo parque.
El caso es que se disfruta corriendo por Lyon. Por lo menos si lo haces por donde os digo, por el río. Es un océano de gente, cultura, hábitos, relaciones y ocios diferentes. Eso es lo bueno, que todo es diferente. Voy corriendo y no sé a donde mirar. Gente corriendo como yo, en bici o en patines, hasta aquí lo más normal. Gente, haciendo pesas y gimnasia, creo haber visto al hermano de Evander Holyfield. Gente haciendo un picnic, que debe ser muy francés, a las seis y media de la tarde. Algunos, podríamos decir, estaban haciendo botellón de manera refinada, pero otros estaban descorchando una botella de vino blanco, mientras una pareja, no muy alejada, degustaba buen embutido. Otros disfrutaban de los Peniches tomando copas. Bueno, y yo de ellos, porque he conseguido ver los entresijos de una cocina de estos bares marinos. A la altura de los campos de voleibol, una sombra ha pasado sobre mi cabeza, era el balón que ha ido directamente a parar al río. Definitivamente, son más malos que pegar a un padre. A la altura de las piscinas, quien conozca sabrá a las que me refiero, un chaval al que no calificaré se ha puesto a correr a mi lado. Una burla hacia mí que me he tomado del mejor humor. Me dice: "puedo correr contigo", al de poco le digo: "¿es verdad que tú corres?"... dadas las pocas dotes que parecía tener para ello. A la vuelta, me he encontrado a dos de sus amigos tirados en el suelo peleándose, mientras éste se reía. Otros que también hacían un picnic se han olvidado del embutido y han acompañado sus bebidas con algo más que tabaco, me entendéis. Una pareja, en busca del equilibrio, disfruta de su tiempo libre haciendo deporte. Juntos, agarrados de la mano, acompasan las velocidades. Uno va en bici, la otra en patines. No falta el de las bolas que hace malabares, ni el que lee un libro, ni el que discute de manera acalorada por teléfono preguntando a quien le escucha si se cree la Reina de la Corona, tal cual. Y podría seguir, da para mucho. Sin embargo, como creo que mañana tendré más cosas que contaros voy a racionar y no aburriros con más historias. Os dejo un vídeo, por si queréis matar el tiempo. Saludos.

Comentarios

Holden Caulfield ha dicho que…
Instructivo y apasionante. Casi casi la misma fauna que se ve a la orilla de la ría. ¿Nadie pesca? Porque es lo que falta.
achasa ha dicho que…
Hey, se me ha olvidado. Sí, claro. La gente también pesca, pero se sitúan en la parte menos festiva del recorrido, allí donde no hay mucha gente. Y, se me ha olvidado, a la gente que aprovecha el río para hacer deportes acuáticos. Ayer ví a uno enganchado a una lancha y que se pegaba unas buenas leches, debía ser amigo de los que juegan a voleibol, porque tampoco parecía un especialista.
Holden Caulfield ha dicho que…
Parece un microcosmos del horror lúdico. En fin, me voy de boda a la Euskadi profunda. Ya hablaremos.

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