Mont Blanc

no, no he subido hasta allí. Digamos que lo he visto, aunque tampoco me lo creo. Al llegar a Fourvière, en un panel explicativo de aquello que se ve desde ese punto, aparecía indicado el lugar en el que se encuentra el monte más alto de Europa. Digo que lo he visto, pero apenas lo he vislumbrado. He mirado hacia el horizonte y he dicho, sí, allí está.

(cerca de Bellecour; al fondo, en lo alto, Fourvière)
Como habréis imaginado, he subido hasta Fourvière. Pero voy a ser sincero y os voy a decir que no he podido con la subida. Me he tenido que parar. La primera rampa ha sido criminal. Sabiendo lo que me quedaba, una vez he visto la primera rampa y cómo reaccionaba mi cuerpo, he sabido que no iba a poder con la ascensión. No sé qué longitud tendrá esa primera inclinación de la carretera, pero ha sido un infierno que me ha obligado a parar y subir andando hasta que el asfalto se ha suavizado.
Una vez recuperado del esfuerzo, he decidido ponerme otra vez las pilas y arrancar en dirección a la Basílica. Las rampas eran más suaves, aunque nunca se deja de ascender. No hay descansos y la subida es realmente dura. En total, apenas serán dos kilómetros, pero... Dios Santo!!!. Además, no se ve la Basílica hasta que no estás debajo de ella y, por tanto, nunca sabes cuándo vas a llegar ni cuánto te queda. Desde que he salido de casa hasta que he llegado a la Fourvière han pasado 35 minutos. Muy pocos. Eso es lo que he pensado cuando he visto el pulsómetro, ya que hay que tener en cuenta que habré andado unos cinco minutos.
(Explanade Bellecour de Lyon, falta la noria)
Una vez arriba, todo ha merecido la pena. Las vistas son increíbles y Lyon es realmente bello desde lo alto de Fourviére: Vieux Lyon, Bellecour, Ópera, Part-Dieu, Parc de la Tète d´Or, Alpes... todo se ve desde allí. Incluso París está más cerca al estar, junto a la Basílica, una antena que emula la obra de Eiffel.
(zona financiera y comercial Part-Dieu; al fondo, Mont Blanc)
Antes de quedarme frío, he comenzado el descenso, siguiendo mis propios pasos y atravesando los mismos sitios que había cruzado en mi ascensión. Incluido, claro está, el mercado que a lo pies de la Catedral del Viejo Lyon hacía imposible pasar por allí. Al final, casi una hora y diez minutos de entrenamiento, de duro entrenamiento, que me ha servido para descubrir uno de los grandes atractivos de esta ciudad.

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