Samwell Kalya

pese a sus dos únicos años de existencia, la Bilbao Night Marathon puede ser considerada, aunque sólo sea por repercusión mediática, la principal carrera que se disputa en suelo vizcaíno. La longeva e histórica Santurzi-Bilbao le gana en participación y arraigo, pero cuando se habla de un Marathon, hay que hablar del Maratón Nocturno de Bilbao. Es una carrera joven, que trata de abrirse hueco en un territorio que ya posee un buen calendario de carreras ilustres, caso de la Behobia, el Maratón de Donostia o el Maratón de Vitoria; todas ellas con su particular punto rojo en los calendarios nacionales e internacionales.
La Bilbao Night Marathon va cogiendo forma y esperemos no se convierta en el capricho de unos pocos y dure lo mismo que un caramelo en la boca de niño. Ya sabemos como funcionan estas cosas del efecto gaseosa. Esperemos que no, que hayan empezado y continuado un proyecto que mejore cada año hasta posicionarse como una de las más destacadas carreras de todo el panorama atlético europeo. Y por qué no.
Las bases se van asentando, de hecho, la afición parece que se identifica con el esfuerzo de los atletas y en la pasada edición hubo, según he podido leer, varios kilómetros continuados de gente animando a los participantes. Sin duda, éste es un gran logro. Otro éxito debe ser el trayecto de la competición. Este año ha habido una nueva variación que, según he leído, ha sido exitosa al hacer más participe a la ciudad al tratarse de un circuito. Parece ser que el horario de la prueba sigue siendo un acierto, ya que las inscripciones han aumentado, o por lo menos se han mantenido, y se ha convertido, por sí solo, en un reclamo. Por último considero otro punto a favor de la carrera y de los organizadores el ampliar el día de la Marathon a otras distancias más cortas para, de este modo, hacer más participe a la población. La gente se tiene que ver identificada con la prueba y no verla como algo a lo que sólo pueden acceder unos pocos.
Entre los puntos negativos, además de los meramente organizativos, se encuentran los deportivos. Los que en definitiva son los más importantes. Creo que, por el momento, y dada la historia de la prueba éste es un elemento secundario, ahora bien, todo hay que cuidarlo y hay que procurar mejorar las marcas de los participantes, así como los propios apellidos de los mismos. Este año desaparecieron los nombres de relumbrón y aparecieron tres atletas kenianos, algunos con una edad excesiva para acercarse a las grandes marcas, así como algún atleta más popular que profesional. Las 2 horas 19 minutos del ganador, si bien es un tiempo aceptable - en el 2009 la victoria se obtuvo con un tiempo de 2:14 -, no deja mucho ánimo a la esperanza. Hay que mejorar esas sensaciones. Donde sí se mejoró, aunque sólo para el titular de los periódicos fue en la prueba femenina. El fichaje de Margaret Atodonyang permitió a la organización tener a una ganadora con un crono sub tres horas (2:49). Por otro lado, lejos de ser una marca interesante. Las féminas que la acompañaron en el podio se acercaron más a los tiempos del año anterior, muy alejados de las 2 horas 49 minutos de la atleta de Kenia. Es decir, que en todos los ámbitos hay margen de mejora, lo cual, por otro lado, es una gran noticia. Hay que seguir trabajando, para seguir avanzando.

Vídeo y clasificaciones: aquí.

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