XIII Trofeo París

Conclusión: un pena. Eso fue lo primero que dije nada más cruzar la línea de meta: "Qué pena!"; un regusto amargo para una gran mañana de domingo en el Parque Lineal del Manzanares. Muy buena organización -humilde pero eficiente-, gran ambiente -familiar-, perfecto clima -frío hasta coger ritmo-, recorrido atractivo -un parque de diseño-; sin duda, una carrera digna de ser recomendada. Desde aqui animo a todos los madrileños -por cercanía- a no perderse la próxima edición de la prueba, si bien, hay que estar atento a las inscripciones ya que este año se han agotado.
Tenía ganas de correr, muchas ganas de correr. Estaba motivado. La salida estaba organizada en "cajones" en base a los tiempos que cada uno esperaba realizar (35', 40', 45' y 50'). Atendiendo a mis ilusiones me situé en el cajón de los cuarenta minutos, si bien, imaginando una sudivisión del espacio, me coloqué donde deberían situarse los de 42', es decir, justo en la mitad del cajón. Por tanto, mi estrategia estaba clara: de menos a más. Sin embargo, no fue así. Desde el principio noté en mis piernas un buen ritmo, un ritmo que creía iba a ser capaz de mantener hasta el final. El paso por el primer kilómetro -que siempre suele ser el más lento- lo hice en 3'50'' aproximadamente. La referencia que tomé fue la de una pareja de la cual, debo reconocerlo, sentí bastante envidia, dado su ritmo, cadencia y nivel. Pronto fui consciente que ellos no debían ser la referencia a seguir, ya que su zancada era excesivamente rápida. En el segundo kilómetro, aun con ellos, marqué unos sorprendentes 7'48''. Estaba siendo un carrerón. En el tres y en el cuatro, pese a empezar a notar el esfuerzo, el ritmo lo podía mantener, consiguiendo correr siempre con una diferencia favorable de diez segundos en vistas a bajar de la ya mencionada marca. Los cinco kilómetros caían nuevamente del lado bueno, con lo que el reto, aunque complicándose por momentos, seguía estando al alcance. No obstante, cada vez se hacía más presente el cansancio y la pérdida por kilómetro se situaba sobre los dos segundos, de modo que aquel colchón que conseguí en los primeros kilómetros me iba a ser insuficiente. Lo sabía, era consciente y, muy probablemente, este hecho minó un poco mi moral. Pese a todo, llegado el kilómetro ocho el cronómetro marcaba 32', es decir, la frontera o mejor, el abismo. En ese momento me pareció una buena marca, hoy me parece mejor. Fue cumplir un objetivo, me permitió darme cuenta que estoy en el buen camino de cara a preparar cosas más serias. Y decía el abismo porque era consciente que éste había llegado, el cansancio llamó a mis piernas y en mil metros perdí veinte segundos. Adios. Sabía que iba a llegar, por eso no fue tan traumático. Todo fue consecuencia del entrenamiento, mejor, de la falta del mismo; seguro que dentro de unas semanas eso no me ocurre. El último kilómetro me permitió recuperar la moral y el ritmo. Lo clavé en cuatro minutos, dejando el tiempo final en 40'21'', una buena marca.
Como conclusión, decir que acabé en el puesto 166 de unos 960 corredores -las plazas eran 1.200 con lo que hubo gente que en la mañana del domingo decidió quedarse en casa-, mismo puesto que ocupaba en el kilómetro cinco, mitad de carrera. Por tanto, puedo decir que he aprendido a regularme y explotar mis fuerzas hasta el final. Decir también que la inscripción me costó diez euros y que como contrapartida, además de lo dicho al principio de la entrada, y de las correspondientes bebidas en la meta, me llevé dos camisetas - una, la de la carrera, y otra, Adidas, de la Maratón de Madrid-.

Comentarios

Emi ha dicho que…
Es un tiempazo, ya lo sabes!Y sobre todo eso, que está empezando la temporada como quien dice.... ;-)

La Media de Geneva, 6th May....si es así, igual acepto...(soy un facilón).
achasa ha dicho que…
Sí, chachísimo.
Hay que estudiar el calendario, pero correr por Geneve sería un lujazo!
Gracias!

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