Batería Cala Cortina

Hacía mucho tiempo que no me apetecía escribir en el blog. Había pensado varias veces en el momento de retomar la escritura, pero no acababa de llegar la hora, de sentirlo, de notar esa apetencia, de creer que tenía algo que contar. Durante estos meses he dejado de contar historias que bien hubieran podido ocupar largas líneas del blog, sin embargo, simplemente no tenía ganas. Es así de sencillo. Nunca dije que cerraba el blog, de hecho nunca pensé en ello. Del mismo modo también aseguro que esta nueva entrada no significa que vaya a retomar una publicación regular, simplemente escribiré cuando tenga algo que contar. Antes no era así, escribía por obligación y no hay mayor condena que hacer algo porque sí. 
El inicio del entrenamiento para la Maratón de Sevilla podría haber sido un gran momento para recuperar la pluma. Otro, sin duda más cercano, la crónica de la próxima V Pormaratoniana. Sin embargo, ha llegado sin planearlo. Ha llegado, así de simple. Esta tarde he sentido que tenía algo que contar, que tenía un experiencia que narrar. Ha surgido.
Por tercer día consecutivo he salido a correr. Desde que estoy en Cartagena suelo salir un mínimo de dos veces (de los cuatro días que paso aquí a la semana), haciendo siempre el mismo recorrido. Bajar hasta el puerto, dirigirme hasta el faro "verde", regresar al puerto para ir hasta el Museo Naval, ver el submarino de Isaac Peral y regresar poco a poco a casa. Unos ocho kilómetros, casi diez dependiendo del recorrido. Hoy, en cambio, al volver del faro he cambiado de ruta y me he dicho; "voy a coger esta carretera a ver a dónde me lleva". Un descubrimiento. Según subía el porcentaje de la carretera iba oteando la bella costa cartagenera que se iba abriendo a mis ojos. Debo de reconocer que, por un momento, todo ello me ha recordado a mis entrenamientos por Niza. Correr por la costa, viendo continuamente el mar, sintiendo la fría brisa, viendo el sol esconderse... qué recuerdos.
Al final de la subida, en el momento en el que los coches deben coger un tunel para continuar su camino, los paseantes deben girar hacia la derecha para tomar un sendero de reciente construcción. A esa altura del trayecto se ve nítidamente la presencia de una enorme bateria militar que protege la entrada a la bahía de Cartagena. Sabía que la costa está repleta de ellas, incluso reconozco que he visto algunas en mi vida, pero ésta no me la esperaba. Durante unos metros, el sendero corre junto a la bateria con lo que uno puede ir descubriendo los entresijos, escondites, agujeros, ventanales, caminos y recovecos de la citada construcción. El camino termina sumamente rápido, en apenas unos doscientos metros pero sin duda merecen la pena. Sobre todo si, como regalo, se continúa el camino hasta el final, es decir, hasta una pequeña cala, de la que buenamente darán cuenta los lugareños, especialmente en verano: Cala Cortina.
Ha sido el descubrimiento de este paraje, completamente inesperado, lo que me ha devuelto las ganas de escribir en el blog. No ha sido Cartagena en sí, ni el faro "verde", ha sido la Cala Cortina y su espectacular batería. Habrá que agradecerlo: Gracias!

Comentarios

Holden Caulfield ha dicho que…
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